Historia

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Seguir o no seguir

Cualquier decisión era prematura en ese momento. Carlos Eduardo y Jorge Alejandro llegaron el viernes en las horas de la noche. Fueron recibidos en el Aeropuerto por la familia y debo mencionar la presencia del importante penalista y constante amigo Antonio Cancino Moreno, quien era padre de familia del Claustro y quien nos acompañó en ese momento y en tantos otros. Pero la verdad no hubo ni espacio ni tiempo para pensar en si el colegio debía o no continuar. A ninguno de nosotros nos pasó por la cabeza la posibilidad de que el Claustro no siguiera, a pesar de que su fundador, timonel, guía y protector hubiera fallecido. El compromiso con su memoria, su legado y su trabajo, así como con los 472 alumnos matriculados ese año era ineludible para nosotros. Mantener al Claustro significaba, además, mantener vivo el corazón de Carlos Medellín a través de su obra más hermosa. Veinte años después, casi veintiuno ya, estamos orgullosos de haber sido capaces de seguir adelante. Debo agradecer, de paso, la solidaridad de muchos padres de familia de la época, quienes reafirmaron su vínculo con la Institución no sólo por escrito. También trayendo al Colegio sus otros hijos o sus sobrinos y amigos. Imposible dejar de mencionar el sólido compromiso y la cercanía afectuosa e incondicional de profesores, funcionarios y amigos como Efraím Villarreal, Alvaro Vinueza, Álvaro Nájera, Julián Bustamante, Humberto Niño, Gladis Ramírez, Gabriela Mantilla, Nancy González, Haydée Aragón, Ligia de Osorio, Luis Fernando Pérez y Fernando Cruz.


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