Esquema Epistemológico

La definición y el uso de los procesos de desarrollo suponen una aproximación epistemológica al aprendizaje, no tanto en cuanto a la definición del saber o de los tipos de saberes posibles, ni a sus niveles de certeza, pero sí en cuanto a la relación que se deriva entre el sujeto que conoce y el objeto conocido, es decir, entre el alumno y el conocimiento.

Frente a lo cual podemos ser reiterativos: los seres humanos no se dividen en áreas. Éstas son herramientas propias de la especialización de los saberes. De tal manera que el aprendizaje escolar debe concentrase más en la adquisición de competencias y habilidades que de conocimientos: durante la década final del siglo XX se adquirió más conocimiento que en toda la historia previa de la humanidad; en sólo un año se publican más libros que en todo el siglo XVII y se calcula que el conocimiento acumulado de la humanidad se dobla cada 15 años.1 Esas competencias están presentes en los procesos de desarrollo y por eso hablamos de calidades como la sociabilidad, la comunicabilidad, la racionalidad, etc.

Las áreas, por su parte, ni se ocultan, ni se niegan: se ubican por fuera de los niños y al servicio del desarrollo de sus procesos, esto es, como medios, no como fines. De esta manera, son los procesos de desarrollo los que se relacionan directa e intrínsecamente con los niños, tal como se puede observar en el cuadro 2. La tarea es precisamente ésa: el desarrollo humano a través de procesos. Las áreas, entonces, ayudan a organizar el conocimiento y junto con ello, los horarios, los grados, las asignaturas, los cursos y otros artificios todavía necesarios. Un área como Ciencias Sociales, por ejemplo, presenta por su propia comodidad asignaturas como historia, geografía, filosofía, instituciones políticas, etc. Y éstas, a su vez, por conveniencias de orden y de método se presentan en cursos como Breve historia del mundo, La idea de Dios en la historia, Regiones naturales, El nuevo orden mundial, entre otras.

La otra ventaja de este esquema radica en la posibilidad de que con algunos de esos cursos se haga permeable la división del conocimiento por áreas y se proponga un avance sensible en la integración de los saberes y los métodos. De esta manera, un curso como ‘El espejo enterrado’ que se apoya en el texto y los videos que el escritor mexicano Carlos Fuentes hizo a propósito del quinto centenario del Descubrimiento de América, tiene fuertes lazos y profundas implicaciones sociales y estéticas. En consecuencia, puede relacionarse con los procesos de desarrollo de la sociabilidad y la expresividad. Lo mismo puede aplicarse con variados cursos y actividades como los concursos de literatura, la expresión corporal, la lógica matemática, entre otros, tal como puede observarse en el cuadro.

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1. Derek J. De Solla Price (1986), ‘Little Science, Big Science...and Beyond (Columbia University Press, New York; hay traducción en Ariel,Barcelona,1973)